Manuel Peñalver

La vacuna tiene nombre español

La tribuna

La clave está en la diana: Aplidin neutraliza la proteína, mediante la cual se replican las diversas cepas del patógeno: algo esencial para aquellas personas que tienen alguna enfermedad

La vacuna tiene nombre español
La vacuna tiene nombre español

30 de mayo 2020 - 02:33

Comenzó la carrera de la vacuna. China, como si se hubiera subido a lomos de Secretariat, el de la triple corona, uno de los caballos más nombrados de la historia, cuyo corazón pesaba diez kilos, y Estados Unidos, como un jinete, el cual confía en la velocidad de Justify, tratan de llegar a la meta en solitario, para subirse al podio. Pero España puede ganar y poner al servicio de la comunidad mundial un fármaco, que deja a la COVID-19 en estado de knockout. Prestemos atención a un medicamento llamado Aplidin, el cual puede obrar el milagro de vencer a la patología que destruye en todas las esquinas del planeta, invadiendo los pulmones, el intestino, el corazón y el cerebro. En otro artículo, citábamos este descubrimiento de la compañía gallega PharmaMar. Los ensayos clínicos invitan al optimismo. Además, como si se tratara de un producto natural, no tiene efectos secundarios. La clave está en la diana: Aplidin neutraliza la proteína, mediante la cual se replican las diversas cepas del patógeno: algo esencial para aquellas personas que tienen alguna enfermedad. En la actualidad, se están haciendo pruebas en hospitales de Madrid y pronto comenzarán en Estados Unidos. Según ha manifestado Luis Mora, director de la empresa, los efectos son mil veces superiores a los conseguidos por Remdesivir: un antiviral de Gilead.

La carrera de la vacunación se asemeja a una competición con los mejores caballos. Participan Secretariat y Justify; mas también, Frankel, Cigar, Seabiscuit, Citation, John Henry, War Admiral, Ruffian. Más de cien proyectos han dado ya los pasos que conducen a la fase decisiva. Un español, Juan Andrés, director de la estadounidense Moderna, asevera que, si ningún problema lo impide, su vacuna estará disponible antes de finales de año. Los experimentos garantizan la seguridad y el éxito. El Gobierno de Sánchez, consciente de que en su gestión ha habido resbalones y traspiés, ha iniciado contactos con Moderna, con el fin de que los ensayos continúen en España. Illa y Fernando Simón tienen que arreglar sus calculadoras: el teclado de la suma de fallecidos no funciona. El de la resta, como si fuera de la Casio FX-991SPX II o de una HP 35SC B12.

Mientras tiene lugar esta olimpiada de vacunas, dirijamos nuestra mirada a otros productos, distantes de las empresas farmacéuticas, pero muy beneficiosos para la salud y la prevención. Pensemos, así, en la vitamina D3, en las vitaminas del grupo B, en la C y en productos, sin efectos secundarios, como la quercetina, la N-acetilcisteína o la melatonina. Esta última, con tantas consecuencias saludables, y marginada, ya que a las compañías farmacéuticas les interesan fármacos y medicamentos más rentables desde el punto de vista económico. La probable aparición de un nuevo brote, a finales de otoño, no debe cogernos desprevenidos. Alternativas que prevengan, como las citadas, avaladas por un médico naturista, pueden ser muy beneficiosas. En relación con el síndrome agudo respiratorio severo (SARS-CoV-2), la historia y la literatura nos recuerdan, a través de la novela de Javier Moro A flor de piel, cómo veintidós niños de la casa de los Expósitos de La Coruña fueron inoculados para llevar la vacuna contra la viruela al Nuevo Mundo. Iban acompañados de su rectora Isabel Zendal, del vacunólogo Francisco Javier Balmis y del médico José Salvany. Fue Balmis, ante la falta de otros medios, el que pensó que la solución estaba en convertir a los veintidós ángeles expósitos en los portadores de los anticuerpos de la viruela, con el propósito de proteger a tantas personas de la pandemia. Más de quinientas mil salvaron sus vidas, gracias a aquellos niños huérfanos, aquella heroína y aquellos sublimes galenos. Ahora, héroes de la COVID-19 investigan para lograr el deseado objetivo.

El silencio de la noche interpreta la ficción de Isaac Asimov: Illa es Hipócrates, Simón, Pitágoras y Marlasca, el Perry Mason de quien lo insultó dejando al diccionario en carne viva. Dolores Delgado le podía haber dicho al ministro, como Altisidora a Don Quijote: «Vive el señor don bacalao, alma de almirez, cuesco de dátil, más terco y duro que villano rogado cuando tiene la suya sobre el hito…», en lugar de maricón. ¡Claro!, que la señora doña Dolores Delgado García, fiscala (el DLE de la ASALE acepta este femenino) general del Estado, en la actualidad, no era el personaje femenino de la segunda parte de la obra cervantina, que perduraría en un grabado del gran Gustav Doré. Un cigarrillo Sampoerma, y una copa de Carupano Legendario, con hielo, me recuerdan que tengo que leer un poema inédito de Ezra Pound. Tiempo presente. Tiempo pasado. Los árboles se balancean. Y el viento calla. La pluma estilográfica del mundo caligrafía tres nombres: Edward Jenner, Luis Pasteur y Hapfkine.

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