Javier Soriano Trujillo

Un presidente indecente

La tribuna

11718234 2025-04-05
Un presidente indecente

05 de abril 2025 - 03:08

Durante la campaña electoral de las elecciones generales de 2015, en un tenso cara a cara entre el Presidente en funciones Rajoy y el candidato socialista Pedro Sánchez, este último acusó a su oponente político de que era un indecente, al afirmar que “El presidente del Gobierno tiene que ser una persona decente. Y usted no lo es”. La respuesta de Rajoy fue más prudente de lo esperado. El acontecer en estos casi diez años que han trascurrido desde este debate, desde mi punto de vista, le ha dado la razón a Rajoy cuando en su respuesta a Sánchez por llamarlo indecente, lo tildó de “ruin, mezquino, deleznable y miserable”.

Desde 2015 en ese debate, Sánchez se ha ganado a pulso el calificativo de indecente, con el que acusó a su oponente. Lo último, calificar de chiringuitos a las universidades privadas. Un Presidente de Gobierno debiera ser prudente y comedido en sus afirmaciones, teniendo en cuenta que es Presidente de todos los españoles, también del 45,65% del electorado que sustenta a la oposición en el Congreso. Pero además de prudente y comedido, debiera ser educado, guardando las formas en todo momento, puesto que son tan importantes como el fondo. Las reiteradas faltas de respeto al Jefe del Estado, Su Majestad el Rey, cuando no le cede el paso como primera Autoridad del Estado, llegando tarde a los actos haciéndole esperar o dirigiéndose a él con las manos en los bolsillos; por muy republicano que se sienta, es Presidente de un Gobierno en una Monarquía parlamentaria, de acuerdo a la Constitución a la que dice respetar. También debiera ser valiente ante los ciudadanos a los que representa, no huyendo cobardemente como en Paiporta para no dar la cara, abandonando a Sus Majestades los Reyes y al denostado Presidente valenciano, quien sí supo aguantar las iras de su pueblo. También debiera ser una persona madura, capaz de controlar sus emociones, no dejando a un lado sus obligaciones ante hechos motivados por la actuación de su pareja. Hay niveles de responsabilidad en los que el deber es imperativo; ¿se imaginan a un Jefe de Batallón ucraniano abandonando su puesto de mando en el fragor del combate por un problema personal? Ya me dirán de un Presidente que se encierra a “reflexionar” ante la imputación de su mujer para escribir una carta pública de amor. El problema de su mujer no es un problema nacional, pero la ausencia de sus obligaciones como Presidente sí lo es, y si está enamorado o no, tampoco es un problema nacional.

También debiera ser una persona creíble, pero no lo puede ser con tantos cambios continuos de criterio. También debiera ser lo contrario a un déspota, es decir, lo contrario a una persona que gobierna sin sujeción a ley alguna. Sin embargo, estamos asistiendo día a día a un gobierno por Real Decreto, que evita al Congreso ante su debilidad parlamentaria, llegando a “retorcer” la ley para alcanzar sus fines políticos, asegurándose previamente de “amordazar” a las instituciones que pueden frenarle con nombramientos de evidente “simpatía” política. Ya sabemos lo que dijo de la fiscalía, por no decir también lo que dijo de gobernar sin el parlamento. Y a esto hay que sumarle su círculo más cercano, empezando por su pareja. De todos es conocido el proverbio “La mujer del César, además de ser honesta, debe parecerlo”. Aun cuando por los hechos por los que ha sido imputada, al final no sea condenada, no implica que no sea moralmente condenable. Pero a su pareja hay que sumarle su hermano, imputado por unos hechos también moralmente reprobables. Y podríamos seguir con otros personajes, aunque ya con los dos citados debería ser suficiente para ganarse el calificativo de indecente.

En definitiva, es la trayectoria de un político sin credibilidad alguna, como lo estamos viendo en el ámbito internacional, al quedar relegado a un segundo plano (irrelevante) en los asuntos importantes en los que estamos inmersos como consecuencia del reajuste geopolítico global que se está produciendo en la actualidad. Por otra parte, es normal nuestra irrelevancia internacional cuando somos los que menos aportamos al esfuerzo común. En estas circunstancias, es cuando más se necesita un líder con mayúsculas, y el nuestro es la antítesis de ello. Mal momento en el que nos encontramos, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, para estar en manos de un personaje de tan bajo nivel en todos los aspectos, cuyo único mérito hasta ahora ha sido haberle dado el poder a los independentistas y comunistas.

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