La tribuna
Cuerpos que arden, armas que luchan
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Ya están aquí. Han regresado del pasado haciéndose virales como se denominan hoy en día las noticias, desgraciadamente las malas noticias. Los narcos no dan tregua al igual como hacían piratas y bucaneros desde el siglo XVI cuando asediaban las costas almerienses intentando saquear el alumbre para cargarlo en sus naves. La diferencia es que estos narco-piratas no se llevan nada si no que traen y no precisamente riqueza más bien miseria y drama. Miseria envuelta en fardos camuflando marihuana, hachís o cocaína, añadiendo últimamente tráfico de personas con resultados muchas veces trágicos para quien viene buscando el paraíso que no encuentran en sus tierras. Para estas macro bandas organizadas su botín son las ingentes cantidades de dinero que manejan resultado del trasiego allende el mar de Alborán.
Pero claro en aquellos años se les combatía con sus mismas armas defendiendo con uñas y dientes las costas almerienses donde los españoles de la época tenían clara la situación tomando las medidas defensivas adecuadas con el fin de impedir el desembarco de aquellos malhechores. Actualmente todo es diferente. Las costas andaluzas, especialmente hoy en día las almerienses, son el paraíso para las mafias del narcotráfico y tráfico de personas. Vemos con una frecuencia escandalosa cómo desembarcan con sus potentes lanchas, muchas veces a plena luz del día, fardos de droga y/o personas poniendo en riesgo no ya sus propias vidas lo que es peor la de ciudadanos ajenos completamente a esa ilícita actividad. La pregunta una vez más es ¿qué hace el Estado?. Evidentemente no se están tomando las medidas adecuadas para controlar al máximo a estos peligrosos delincuentes. Al crimen organizado hay que combatirlo con sus mismas armas, dentro de la legalidad, pero siendo inflexibles.
La falta de voluntad del gobierno es palpable y notoria rayando en la ineptitud manifiesta por parte del ministerio del interior con su titular el ministro Marlaska, juez dice su currículum para más inri, básicamente porque tiene a los guardias civiles y policías a los pies de los caballos, guardias civiles y policías que patrullan por mar, tierra y aire, investigando, jugándose el tipo ante mafias armadas y sin escrúpulos. Las asociaciones profesionales y sindicatos policiales se cansan de reiterar al Ministerio del interior y al poder judicial que doten de los medios necesarios y una aplicación estricta del código penal modificando lo que sea necesario para combatir este gravísimo problema social que genera inseguridad ciudadana además de un grave problema de salud (las drogas matan) e incluso ecológico ante el constante abandono por parte de los narcos de los materiales utilizados para el abastecimiento de combustible para las narcolanchas, el llamado “petaqueo” muy importante en la red criminal.
A todo esto, el gobierno negando reiteradamente reconocer como profesión de riesgo a guardias civiles y policías nacionales, la equiparación salarial abriendo brecha en relación a policías autonómicas además de un proceso de desmantelamiento nada encubierto de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado saltándose a la torera la ley orgánica 2/86 de FCSE e incluso la Constitución. Pero todo va bien, como un cohete. Las atalayas de siglos pasados como muro de contención ante el asalto de los narco-piratas de hoy deben de construirse en base a más medios materiales en igualdad de condiciones como mínimo, más agentes de la autoridad, aplicación estricta del código penal, reforzar el carácter de agente de la autoridad, declarar como zona de especial singularidad todas las zonas de influencia de las costas andaluzas incluso un plan integral de seguridad para Almería y sus costas ya que se merecen mucho más de lo que se está haciendo que es nada.
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