Democracia secuestrada

La tribuna

11597084 2025-03-30
Democracia secuestrada

30 de marzo 2025 - 03:11

El presidente del Gobierno de España acudió a la moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy prometiendo que devolvería el centro de la actividad política al Parlamento. Han trascurrido siete años y es palmario su desprecio a las dos cámaras de representación. Este mes se cumple un año que Sánchez no acude a las sesiones de control del Senado y ahora parece que también se niega a comparecer en el Congreso y ha anunciado que “gobernará toda la legislatura con el apoyo o sin el apoyo del Parlamento”. Esta afirmación, más propia de un monarca absoluto que de un líder democrático, pone de manifiesto una alarmante tendencia hacia la autocracia. Gobernar de espaldas a la representación legítima de los ciudadanos es tanto como despojarse del mandato democrático que justifica la existencia del Ejecutivo. Si hubiera que identificar la conducta de Sánchez en estas circunstancias políticas y su propia inestabilidad parlamentaria huyendo de su obligación de someterse al control en el Congreso y el Senado, sería el despotismo. Un ejemplo de este despotismo es su declaración de no presentar ante el Congreso los Presupuestos Generales del Estado. Como es sabido desde 2023 no ha presentado los Presupuestos y por ello no los ha podido aprobar. Esta cuestión elemental parece no importarle demasiado vulnerando el mandato constitucional que señala el artº 134 de la Constitución “el Gobierno deberá presentar ante el Congreso los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes que expiren los del años anterior”. En toda democracia parlamentaria el principio rector es claro: el gobierno emana de la voluntad popular expresada a través de sus representantes en el Congreso y en el Senado. Gobernar sin el respaldo de la mayoría parlamentaria no solo es un acto de arrogancia política, sino una vulneración del principio democrático mismo. No se trata de una cuestión de interpretación ideológica, sino de la esencia del sistema: el Ejecutivo debe rendir cuentas y contar con apoyo suficiente en la cámara legislativa para poder gobernar legítimamente. Como es sabido la democracia es un sistema político que requiere participación activa cumpliendo las normas que la sostienen, singularmente el gobierno y los órganos de representación, no se trata solo de votar cada cuatro años; es el sometimiento continuo del poder al control parlamentario, es la obligación de rendir cuentas y la disposición a aceptar las reglas del juego democrático. Un gobierno que se niega a responder a la oposición, que desprecia el debate parlamentario y que se atrinchera en el monólogo institucional no es otra cosa que un gobierno que ha perdido su legitimidad funcional. No responder preguntas en el Congreso como viene haciendo el presidente del gobierno contestar con vaguedades sin relación con las preguntas o peor aún, burlarse de la oposición no es solo una falta de respeto institucional, sino un atentado contra la democracia deliberativa y una vulneración al derecho de los ciudadanos a conocer los debates sobre la gestión gubernamental. Preguntas concretas reciben respuestas vacías, cifras manipuladas o directamente el silencio cuando no un gesto burlón coreado por las Supremas de Móstoles (Marichús y Madame Tucán). Ignora esta claque que la vulgaridad y la ignorancia no es buen marchamo para el prestigio. Y la representación que ostentan ha de ir acompañada en todo caso por el rigor del lenguaje corporal y verbal, porque ese hemiciclo ahora tan degradado es el espacio natural donde se sustenta la democracia. No responder es una forma de deslegitimar la función parlamentaria y un desprecio total a la representatividad en el corazón del sistema donde el poder Ejecutivo debe justificarse, un secuestro de nuestra democracia representativa. Todo indica que Sánchez prefiere el blindaje de su propia corte y de los medios aduladores y una agenda de “compromisos internacionales” que le sirven de coartada para alejarse del foro político y no someterse a preguntas necesariamente incómodas de la oposición. Resulta escandaloso que en un sistema que se pretende democrático, el presidente del Gobierno utilice cada sesión de control como una plataforma para la evasión. Conviene aquí un apunte sobre legitimidad de origen y legitimidad de ejercicio, (perdonen la pedantería didáctica). Un gobierno democrático no solo debe ser legítimo en su origen (haber sido investido conforme a las reglas del sistema), sino que debe mantener esa legitimidad a través de su ejercicio obligándose a respetar los equilibrios y controles del poder. Según declaran algunos de sus socios, Sánchez ha perdido el respaldo mayoritario del Congreso y en lugar de buscar consensos y ofrecer acuerdos a la oposición para un posible Pacto de Estado opta por atrincherarse en su muro despreciando a la oposición y gobernando por decreto de espaldas al Parlamento; su legitimidad de ejercicio queda en entredicho. Lo procedente en una democracia sería disolver las Cortes Generales y convocar elecciones. Asi ocurrió cuando aquel demócrata ejemplar, Leopoldo Calvo Sotelo convocó elecciones generales en octubre de 1.982 conociendo de antemano que las perdería. La burla parlamentaria y los insultos se ha convertido en un rasgo distintivo del actual Ejecutivo cuya función primordial debiera ser gobernar y asumir las críticas con responsabilidad. Es síntoma de un poder que se siente impune, que ha desbordado los límites, que no considera necesaria la justificación de sus actos y que ha entendido que la ausencia de respuesta también es una forma de dominación. Cuando el Ejecutivo convierte la rendición de cuentas en un espectáculo el sistema empieza a perder su razón de ser. Si el presidente del Gobierno cree que puede gobernar sin el Parlamento, entonces está renunciando a su propia condición de demócrata. Por todo ello la negativa de comparecer en el Congreso para presentar un Plan Nacional del Defensa, resulta inadmisible. Se nos dice que estamos en una situación de vulnerabilidad y los gobernantes de los países de la Unión Europea han comenzado a tomar medidas con el respaldo de sus respectivos parlamentos. Aunque Sánchez lo califique de rearme debiera acudir al Congreso con las explicaciones pertinentes sobre el reajuste presupuestario que conlleva una situación que compromete las alianzas de España con organizaciones como la OTAN y también la UE. Se trata de una obligación democrática que habrá de condicionar el destino de los impuestos. La democracia no es una carta blanca para hacer lo que se quiera durante cuatro años, menos aun cuando se cruzan amenazas que sitúan a Europa en el eje de un posible conflicto. En esta situación excepcional se necesita más que nunca un liderazgo sólido, capaz de aglutinar voluntades políticas diversas y alejado de premisas ideológicas y partiditas. Ejemplo de lo anterior el Primer Ministro del Reino Unido y el Presidente de Francia. Quien no entienda esto no es un líder democrático, sino un aspirante a autócrata.

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