
Paseo Abajo
Juan Torrijos
¡Humanidad!
Ampulosamente, grandilocuentemente se publicita la biografía definitiva de Leonardo da Vinci. Alfaguara publica la biografía más definitoria que definitiva en modo best seller, escrita por Carlo Vecce, experto en novelescos retratos más que especialista en Da Vinci, especialista en vender Da Vinci, que no es lo mismo. Letras grandes, capítulos cortos, para no aburrir a los potenciales lectores, ilusos clientes que pensarán que acceden por la vía dulzona a los secretos del polímata, sin saber siquiera que es un polímata. Huyendo de los tópicos y al mismo tiempo repitiendo lo que dicen todas las biografías, Vecce hace malabares para al mismo tiempo hacer de erudito, de periodista y de escritor simplista. El estilo huele a corrector de pago, que cascabelea los textos para que suenen campanitas en los lectores y no se les haga tocho y al mismo tiempo sea tocho. Vecce no descubre nada nuevo, siembra de citas, latinajos, voces italianas y pistas de archivos insuflando datos que cansan. Se explaya con la cena, el cenáculo, the last supper. Copia palabra por palabra el texto infinitamente citado de como trabajaba Leonardo, sin entrar la exasperación de los clientes y la forma de trabajar de Leonardo, más propia de una estrella desanchada, aplicando una técnica que todos saben que con el tiempo se deteriorará y necesitará infinitas restauraciones. Erre que erre con tal de no tener que pintar rápido y tomarse sus tiempos y sus meditaciones, haciendo ver que la reflexión (o procastinación) es marca de la casa. Leonardo nunca terminaba nada, era lo que se contaba en los corrillos, solo azuzado por los clientes pagadores, que no veian avanzar la obra. Los mitificadores del genio dirían que una obra maestra necesita tiempo y reflexión más que trabajo y pintura. Que se lo digan a Miguel Ángel, que no paraba en trabajos cien veces más trabajosos. Eso sí, hablenme de una sola figura de la capilla Sixtina, y ahora describanme the last supper o la Giocconda siempre fotográficamente en la retina. Leonardo llevaba al mismo tiempo la irrepetible pintura, el despropósito del caballo de bronce, del que no quedó nada en absoluto, estudios sobre canales, hidráulica, máquinas y miles de temas inabarcables. Con Vecce todo es a la vez difuso y concreto, como un cuento de hadas, donde todo es mágico y al mismo tiempo puñeteramente preciso. El abrurrimiento de rellenos de datos novelados.
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