El quincuagésimo festival flamenco

06 de julio 2024 - 03:11

Nuestro primer artículo fue la crítica del séptimo festival flamenco de Almería, en agosto de 1973. Fueron dos días con carteles impresionantes: Camarón, Chocolate, Diego Clavel, Luis Caballero, Agujetas, Mairena, Morente, Menese y los almerienses Sorroche, El Mellizo y hermanos Gómez. Guitarristas: Juan Habichuela, Ramón de Algeciras, Melchor de Marchena y Manuel Brenes; y el baile de Matilde Coral y Rafael el Negro. Un tanto largos, eso sí, pero era la costumbre de los tiempos.

Estuvimos varios años haciendo la crítica de los festivales; lo dejamos por nuestra vinculación a la peña El Taranto, que era la que asesoraba (más bien organizaba) esos Festivales, como casi todo lo que se hacía –y se hace- en Almería de flamenco. Volvemos a ejercer de cronistas, después de muchos años, por el rumbo que ha tomado nuestro festival. Y hasta le han cambiado el nombre: ahora se llama Festival de Flamenco y Danza. No lo entendemos, porque el flamenco siempre ha incluido baile y en los festivales de Almería siempre lo ha habido, y de gran nivel, como el ejemplo citado arriba. Así que, al llamarle “de danza” suponemos que van a meter bailes que no son flamencos. Nos parece bien programar otras danzas, pero fuera del festival. De hecho, aquí también los hubo siempre, pero se programaban en días distintos. Incluso una artista cercana al flamenco como Lucero Tena actuó varias veces en aquellos primeros veranos, y lo hacía fuera del festival. En vez de eso podríamos recuperar el Festival de la Guitarra (muy lógico por el protagonismo almeriense en constructores e intérpretes de la guitarra flamenca), del que se celebraron cuatro ediciones -1968, 69, 70 y 71- organizadas también por El Taranto. Paco de Lucía estuvo en los cuatro años; en 1968 junto a Manolo Cano y Víctor Monge “Serranito”.

Poco a poco, nuestro festival se va convirtiendo en un ciclo de larga duración con varias actividades y escenarios, lo que no está mal, siempre que se haga con criterio: por un lado las actividades formativas y por otro los espectáculos. Lo peor es que se han llevado varios carteles de grandes figuras a escenarios de escaso aforo: el colmo es un primer espada como Ezequiel Benítez en un local con cien sillas y entrada libre. Y en el escenario grande hay noches en los que va a lucir mucho cemento. Al tiempo.

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