Hoy puede ser un gran día

13 de julio 2024 - 03:10

Era una de esas mañanas en las que uno se despierta con la sensación de que va a ser un gran día. La noche anterior le costó dormirse por la agitación que le había producido un partido de futbol, precisamente a él, que jamás había tocado un balón. De pequeño su padre le aficionó a la esgrima, deporte que en nada se parecía al futbolístico, y que le subyugó desde niño dedicándose por entero a él. Ayer había sido diferente, uno de sus alumnos jugaba en la selección española y se había prometido no perderse el partido en el campeonato europeo. Muchas fueron las sorpresas de aquella tarde, pero sin ningún lugar a dudas los dos goles que hicieron saltar de la silla a medio mundo pasarían a la historia, justo la asignatura que el impartía en el Instituto. Españoles y catalanes por más señas, eran los dos jóvenes que marcaron los goles de la victoria, el país entero vibró con ellos y en las calles se escuchaban los vítores a voz en grito. Lo curioso fue que a partir de ese momento se abrió un debate sobre los MENAS y la inmigración, algo que le indignaba sobremanera. No podía acostumbrarse a que se llamara así a un menor de edad, que viene aquí sin sus padres u otro familiar que lo tutele, era un desprecio injustificable, que deshumanizaba a los niñ@s con unas siglas infames. Lo peor de todo fue que muchas personas comenzaron a hablar de uno de ellos vinculando su nombre a la inmigración, sin más referente que su aspecto y su nombre claramente distinto, sin pararse a pensar que compartían nacionalidad. Se pasó la mano por el pelo, tratándose de apartar un mechón rebelde que le caía sobre la frente haciéndole sudar ccopiosament, pensó en cuantas personas creían que este país era de su propiedad: por ser cristianos y llamarse Pepe, por poner un ejemplo. El partido le dejo en su corazón ese regusto amargo de los éxitos, cuando quedan empañados por algún suceso triste o desagradable. Su alumno, que en un segundo había traspasado la barrera del anonimato para pasar a la historia, también era objeto de debate sobre su nacionalidad, obviando que era tan español como los “Cayetanos” que debatían sobre el tema. Ninguna duda le cupo de que la mayoría de compatriotas estaban orgullosos de él, compartiendo la victoria que les había brindado, sin embargo no estaba tan seguro de que hubiese sido igual, si en lugar de futbolista hubiese sido el camarero que les servía el desayuno cada mañana en el café de la esquina. Concluyó sus disquisiciones, con una certeza: dos jóvenes españoles sin siete apellidos catalanes, habían catapultado a este país una vez más a los altares del deporte mundial, y siete estúpidos, en lugar de celebrar esa victoria, se dedicaban a resaltar las diferencias de una sociedad multicultural.

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