
La Rambla
Julio Gonzálvez
Vivienda y precariedad laboral
Pasó el invierno y llegó la primavera con otros males y el alma oscura, sometida a las ondulaciones del tiempo, entre calamidades y símbolos chabacanos de dragones retrógrados, alejada de los dolores de la humanidad.
Esta primavera ha llegado siguiendo las vibraciones del dolor que flotan en el mundo, olfateando su aire rancio, estancada en las noticias de angustia que nos llegan, presintiendo las tormentas, creando fábulas de dragones que asustan a niños, una primavera más llena de llanto que de risa, enrocada en los ciclos de la estupidez humana que no hubiera dudado en firmar Pilatos.
En el contenedor de papel he tirado a la basura los periódicos de este invierno que dejaban un rastro fétido de metralla sobre Ucrania, bombas contra los gazatíes, violencia en el Sahel, caos sobre Valencia, lluvia fina sobre el Congreso de los diputados y dragones de casquería que remueven ideas nauseabundas y reparten una nueva moralidad fascista. Mientras fermentan los periódicos en el aire estancado del contenedor esta primavera trae un semillero de noticias de seres eugenésicos, discuten planes de guerra desde el Gobierno de Trump que alertan a Europa a preparar un kit de emergencia en caso de agresión aunque nosotros aquí, según la encuesta de opinión del Eurobarómetro, estamos más preocupados en coquetear con el matonismo de la estética y las bravatas neofranquistas en los Parlamentos autonómicos que velar por nuestra seguridad.
Esta primavera arranca con una narrativa de cansancio, de fatalidad, de angustia que se filtra de forma confusa como un veneno por las rendijas de lo cotidiano, tutelando nuestra lista de miedos. Esta primavera es una DANA de dragones que ejercen de autócratas inspirados en Trump, putinizando el mundo al estilo Netanyahu que hace de sus víctimas -las más fáciles de todas-, civiles indefensos, un espectáculo de seres humanos listos para atravesarles el corazón.
Quisiera tener la seguridad de que la defensa de los valores democráticos alcanzados no están perdiendo argumentos cada día, que no se está liquidando una etapa histórica, que la paz no nos será arrancada, que podremos salir indemnes de ese angustioso desfiladero de la Casa Oval, que habrá alguien que ceda a los argumentos del corazón que el cerebro no entiende, alguien que nos diga que los dragones existen pero que siempre podrán ser vencidos.
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