Cuestión de forma

25 de julio 2024 - 03:08

Tu opinión daría para muchos debates, pero sabes que el papel de los maestros en el proceso de enseñanza- aprendizaje ha venido cambiando en los últimos años, no sólo por el vaivén de la normativa educativa, sino por el propio devenir de los tiempos. Ni el profesor es la única fuente de conocimiento para el alumnado, ni la consideración y el respeto necesarios para el desempeño en el aula son ahora requisitos para la práctica docente. En un mundo donde la información circula a velocidad vertiginosa, y se ha perdido el espíritu crítico, que requiere de conocimientos previos y de cierta profundidad en la materia, para lo que no se dispone de espacios ni momentos, el papel del educador de nuestros niños y jóvenes precisa ser repensado, dotándolo de estrategias para transmitir saberes relevantes, que no son simplemente los contenidos, que estos están todos a la vez en todas partes, y especialmente, para atender a la cada vez mayor diversidad de la población escolar.

Esta reflexión viene motivada por las quejas que se han sucedido en torno a los criterios de actuación de los tribunales y homogeneización de estos que en las oposiciones de acceso a los cuerpos docentes ha publicado la consejería competente en materia de educación en Andalucía. En ellos se incorpora una indicación a los tribunales para la penalización e invalidación de las pruebas escritas, vinculada a la realización de las mismas con faltas de ortografía, para las que establece un límite de cinco, que conllevará la invalidación de la parte correspondiente que se está corrigiendo, o lo que es lo mismo, la calificación con un cero.

Sin entrar a valorar el número de faltas, lo cierto es que te sorprende la necesidad de establecer este criterio, y más aún, que no parezca bien a algunos su determinación. Las oposiciones son un proceso selectivo para elegir a los más capaces de entre los que aspiran para confiarles a nuestros hijos, que es lo que de verdad importa, y aunque es evidente que el procedimiento necesita de mejoras en su diseño e implementación, lo que ahora nos ocupa no debería generar ninguna duda. Los que enseñan las primeras letras han de hacerlo con el rigor necesario, como profesionales que son, que los necesitamos y buenos, y aunque la ortografía no deja de ser una cuestión de forma, perderlas en esto y en tantas cosas es lo que nos está llevando por el camino de la amargura.

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