Inmaculada Urán / Javier Fornieles

Elogio de la memoria

A Son de Mar

Las palabras aprendidas forman parte de nosotros mismos y nos guían en nuestras relaciones profesionales

14 de abril 2021 - 01:46

Manuel López Muñoz, profesor de nuestra universidad y uno de los colaboradores de este Diario, organizó hace unos días una conferencia sobre la memoria. La impartió Luis Merino Jerez. A los conocimientos indudables sobre la materia que ofrecen sus publicaciones, se sumó la habilidad para despertar sugerencias y demostrar que nos hallamos ante un asunto sobre el que conviene reflexionar. Guiados por Merino, dimos un pequeño paseo por la cultura grecolatina y nos acercamos a un mundo en el que una buena memoria desempeñaba un papel decisivo para destacar en la vida pública. Hoy, en cambio, hablamos de la memoria como una facultad secundaria, que casi no merece la pena ejercitar. El ciudadano se ha convertido en cliente, cualquier esfuerzo parece absurdo y preferimos vivir la ilusión de que todo está a nuestra disposición sin nada a cambio.

Sin embargo, las palabras y los textos que seleccionamos y aprendemos no son un simple instrumento; forman parte de nosotros mismos y nos guían en nuestras relaciones sociales o profesionales. Por ello, antes de descalificar el ejercicio de la memoria, convendría valorar las ayudas que presta y recapacitar sobre el empobrecimiento de ciertas habilidades al que nos conduce, por ejemplo, el uso de ese excelente bastón, que llamamos power point.

Resultó entretenido escuchar anécdotas, ver cómo se representaba hace siglos esta facultad o recordar los juegos literarios con la memoria de autores como Borges. Y, sin embargo, la charla nos dejó al final un cierto desánimo. Nos hizo pensar que estas cuestiones, que nos afectan de raíz, ni se trabajan ni se tratan de forma interdisciplinar. ¿Cuántos profesores se animan hoy a estimular las técnicas de la memoria y a descubrir su utilidad? ¿Renovaremos alguna vez la enseñanza universitaria para que puedan cambiar la primaria y la secundaria? ¿Y qué va a pasar el día en que profesores como Luis Merino o Manuel López no nos den al menos un aguijonazo? Nos gusta más nuestra forma de entender la enseñanza, tan diferente a la que aún predomina en China o en África. Quede claro. Pero nuestra actitud no nos parece tampoco la más correcta. En vez de aprovechar las capacidades que la memoria estimula y de aunarlas con los medios actuales, creamos falsas oposiciones. No sumamos, no nos subimos a los hombros de nuestros antecesores para ver más lejos.

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