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Rubi lleva camino de su tercer curso como entrenador de la UDA. Le resta un semestre para cumplir tres años de residencia en Almería. Es tiempo y ha tenido tiempo y oportunidades de visitar las playas del Cabo de Gata, el desierto de Tabernas y Mini Hollywood, de subir a Calar Alto o de inmortalizar momentos y lugares del Almanzora con su cámara de fotos, una de sus pasiones. Conoce y reconoce lo más emblemático. Pero tengo la impresión que ha pasado por alto otras cosas. El carácter del almeriense pertenece a ese déficit de atención. Sus declaraciones tras el último empate contra el Oviedo, donde advirtió “un pesimismo exagerado”, no dejan dudas. El almeriense, en general, es un tipo pesimista y el rojiblanco le añade otro matiz, valora entre poco y nada. Es así y así es. Rubi está llamado a hacer historia en la UDA, pero suspenderá si trata de moldear la forma de ser del hincha rojiblanco. Le puede hacer feliz con sus victorias y aumentar su autoestima. Pero ¡ay de ti¡, como el equipo esté tres jornadas sin ganar y se caiga del liderato o del ascenso directo. Pasará del éxtasis al apocalipsis. Pensará que el ascenso es “una engañifa con este equipo de señoritos a los que sólo les preocupe la pasta”. ¡No lo intentes! Es un error, será tu derrota más amarga y no lo olvidarás.
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