Visto y Oído
Carlos Jesús
El bisturí
La mejor noticia de la victoria del sábado, más allá de unos 3 puntos que permiten al Almería seguir soñando con el ascenso directo, es la respuesta de la afición. Ese tanto agónico de Luis Javier que todo rojiblanco sufrió en sus carnes, incluido un servidor, ha despertado un halo de ilusión al almeriensismo cuando hace una semana los ánimos estaban por los suelos. Son tres los actores que entraron en escena para que la comunidad indálica se reenganchara el pasado fin de semana: el rival, nada más y nada menos que el líder de la categoría; el guion del encuentro, trabado a más no poder y que se definió por detalles; y la suerte, que por primera vez en 2025 cayó de nuestro lado. No sé vosotros, pero yo al menos terminé extasiado con tanta presión encima. Un sentimiento de liberación que no sufría como aficionado desde el gol de Embarba en Cornellá. Era la última bala para aferrarse a esa posible promoción por la vía rápida y la tropa de Rubi, sin ser brillante y tampoco ofreciendo unas prestaciones cercanas a las del tramo de octubre a diciembre, creyó después de mucho tiempo en el ascenso directo. Probablemente, ese resquicio de fe es lo que ha provocado la locura en la ciudad. Y bendita chaladura. Un arrebato de más de medio millar de rojiblancos que invadirán tanto el sector visitante como el fondo norte del Nuevo Los Cármenes este sábado. Casi nada. Ahora, con la respuesta impecable del almeriensismo, la pelota está en el tejado de los que se visten de corto, que tendrán por delante otra finalísima por el objetivo: la Conquista de Granada. De nada vale una victoria ‘in extremis’ con el líder si no se refrendan los brotes verdes contra un rival que afrontará su última oportunidad para engancharse al play-off. No hay otra vía que la victoria para confirmar que, definitivamente, el Almería está de vuelta; no existe un mejor escenario posible para el reencuentro entre la afición y el equipo.
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