Alberto Cerezuela

Cerrando puertas, abriendo libros

01 de abril 2025 - 03:09

Entendemos que la Feria del Libro de Almería 2025 sea más austera. Que este año no haya presupuestos para best sellers como en anteriores ediciones, que la cosa sea más local, más de andar por casa, más “almeriense”. Lo entendemos. Lo que no entendemos -ni vamos a fingir que lo hacemos- es que, precisamente este año, se deje fuera a Editorial Círculo Rojo, que ha publicado más de 40.000 títulos (que se dice pronto) en diecisiete años, con sede en Almería, y este mismo 2025 ha sido invitada oficialmente a la London Book Fair. Sí, la de Londres. Pero aquí, en casa, no. Aquí molestamos.

Y no molestamos porque seamos nuevos. Llevamos participando en esta feria desde 2014. Llevamos trayendo autores, llenando casetas, firmando ejemplares, ocupando hoteles, comiendo en restaurantes y generando movimiento real. Este año teníamos 290 autores listos para venir. Gente con libros, con ilusión, con lectores. Pero nada: comité mediante (Área de Cultura, Tradiciones y Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Almería y Gremio de Librerías de Almería), nos quedamos fuera.

¿Y por qué? Porque, al parecer, alguien decidió cambiar las reglas. Como este año las casetas eran gratis y esto provocó aluvión de peticiones (¿quién se lo iba a imaginar?), se pidió documentación extra. Vale. ¿El problema? Que esa petición no se comunicó por correo, ni por teléfono, ni por ningún canal lógico. Solo se publicó durante cinco días en el tablón de anuncios del Ayuntamiento. Y claro, algunos lo vieron. Y otros, como nosotros, no. ¿Casualidad? No exactamente. Porque sabemos que sí se avisó a quienes interesaba. A unos sí. A otros, silencio.

Y conviene aclarar qué era eso tan urgente que pedían: los requisitos. No nuevos, no inventados. Los de siempre. Los que no había que presentar, sino cumplir. Y nosotros los cumplimos, como cada año, con creces. ¿Qué trabajo nos habría costado presentarlos? Ninguno. Si hoy abrieran el plazo otra vez, los volveríamos a presentar tal cual. Pero claro, para eso hay que estar avisado. Para eso hay que estar en la lista de los que interesan.

Luego nos dirán que “no estuvimos atentos”. No, lo que no estuvimos fue dentro de la agenda de contactos del comité.

Propusimos pagar la caseta. Nos dijeron que no. Propusimos montar una carpa aparte. Tampoco. Pedimos una invitación formal, como se hace en muchas otras ferias del país con editoriales de trayectoria (en Londres nos invitan, en Almería no cabe). Cero. Silencio. Portazo. Se ve que la Rambla es pequeña y no caben más casetas (especialmente si son de aquí).

Y entonces uno se hace la pregunta que nadie en el comité quiere oír: ¿qué molesta tanto? ¿La autoedición? ¿Que publiquemos más que nadie? ¿Que lo hagamos sin pedir permiso a nadie? ¿O simplemente que pongamos a Almería en el mapa editorial europeo sin tener que pasar por su filtro?

Ves el programa y todo encaja: muchas más editoriales de fuera que de aquí, si parece la Feria del Libro de Murcia o de Valencia. Librerías recién llegadas con doble caseta, incluso triple. Editoriales locales borradas del mapa (incluso las que llevan años participando, como nosotros). Pero eso sí, “más almeriense que nunca”. Pues claro. Quitando a los que sí lo somos.

Y como ya sabemos cómo va esto, presentamos un recurso potestativo de reposición. No porque esperemos nada. Contestan, si acaso, después de que se recojan las casetas, cuando ya no importe. Pero al menos quedará constancia: nos han dejado fuera a conciencia. Pedimos amparo al concejal al mando. Nos dijo que no podía hacer nada. Pedimos ayuda a la alcaldesa. En este caso nos consta que lo intentó, pero ni a ella le hizo caso ese comité más propio de la Inquisición.

Dos carpas y mucha dignidad ¿Qué hacemos ante este portazo? ¿Agachar la cabeza? ¿Pedir perdón por existir? ¿Asentir mientras nos explican que hay “muchas solicitudes”? No, gracias.

Si no nos quieren en su feria oficial, nos montamos la nuestra. Gracias a la complicidad del restaurante Gamberro Napolitano, justo al principio de la Rambla, desplegamos dos carpas propias con las que intentaremos hacer lo que se nos da bien: crear.

Mesa redonda de autores de historia: Pepe Sedano, Eusebio Rodríguez Padilla, Jorge Barroso y Fran Martín.

Cuentacuentos infantil: Sonia Cruz encantará a los más pequeños (y no tan pequeños) con historias que sí merecen ser escuchadas.

Presentación de Diario de un romancero: el almeriense Manuel Iribarne, acompañado por Brianator, trayendo versos, pódcast Del Pico al Micro (el más escuchado de Almería) y emoción en directo.

Charla de egiptología: Rubén Villalobos, almeriense, egiptólogo y divulgador, explicando cómo cruzar milenios sin salir de la ciudad. Todo esto, en la calle, entre lectores, sin moqueta ni acreditación. La cultura, si es de verdad, no necesita permiso. Solo necesita voluntad.

Al final, quizá hasta tengamos que dar las gracias. Sí, gracias por recordarnos por qué empezamos en esto. Porque viendo cómo tratan algunos a la cultura, dan más ganas aún de defenderla. Nos querían fuera, y aquí nos tienen: en la calle, con la gente, que es donde todo esto cobra sentido.

Editorial Círculo Rojo va a seguir haciendo cultura en Almería, le pese a quien le pese. Nos cierran una puerta; abriremos diez. Eso ténganlo por seguro. Y una cosa más, queridos organizadores: no esperen que en el futuro volvamos a mendigar participar en su feria. Una y no más. No cuenten con nosotros. Cierren las puertas que quieran. Nosotros seguiremos abriendo libros.

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