
Tribuna Económica
Joaquín Aurioles
Balanzas
Uno no sabe cómo calificar a la UDA. Un día te ofrece una cara, al siguiente otra antagónica, aunque a ratos y, en un mismo choque, aparece y desaparece como el Guadiana. Todo lo contrario que su último rival, un Levante de autor muy reconocible, que jugó de la misma manera que cuando se encontraba hace poco más de un mes fuera del play-off. Partiendo de esa base, difícil pronóstico para encarar la recta final de un conjunto que precisamente fue capaz de lo mejor con aquella racha de imbatibilidad y de lo peor.
La apuesta de Rubi por cubrir con más efectivos el centro del campo benefició a su equipo, pero esta vez el plano individual lastró al colectivo con el mal partido de Arnau, que como siempre irrumpió con peligro pero que estuvo muy desacertado a la hora del centro o el pase final (igual que Langa). Tampoco ayudó el enorme error de Gonzalo Melero que pudo haber cambiado el signo del encuentro con esa patada al aire cuando parecía que llegaba el primer tanto. Aun así, el ritmo de juego de esta UDA sigue siendo predecible y el rival estuvo paciente, como a la espera de su momento que llegó tras el descanso.
Cuando entró Arribas en la segunda mitad nada aportó, con el partido ya en otra dinámica, pues el centrocampista madrileño quizá debió de haber sido de la partida inicial, aprovechando la supuesta necesidad de quien a buen seguro iba a dominar al comienzo. Prescindir de Arribas jugando de local es un lujo innecesario. Es cierto que tras una segunda mitad muy discreta al final todo salió bien, y el claro penalti a favor ejecutado esta vez con acierto por Suarez, junto a esa portería a cero ante el equipo que venía como líder, hace albergar esperanzas clasificatorias para alcanzar cualquier objetivo.
Sin embargo, la UDA sufrió demasiado para defender la victoria ante un Levante que tampoco empujó con excesivo talento. Incluso, en ese último centro del partido ejecutado a placer y sin oposición por Morales y rematado erróneamente por Espí, se concedió de más. Y gracias, porque Maximiano ni salió como debía ni estaba bien colocado bajo palos en el momento del testarazo. En cuanto a la aportación final de Baptistao, un diez por su entrega, aunque no estuviera acertado. Hasta Lázaro quiso imitar a su compatriota luchando como nunca se le vio.
Por cierto, una pena ese contragolpe al final con la pésima elección de Lopy, máxime teniendo a su derecha a Arribas que en esa situación habría sido muy peligroso para el rival. Ese postrero tanto hubiera igualado el golaveraje con el Levante. En cualquier caso, ojalá que esta importante victoria, no sólo para seguir soñando con el ascenso directo, sino para estar en la pomada de los puestos de play-off, sea el acicate mental que necesita un equipo al que se le vio apagado por momentos y que sólo con chispazos está intentando salir de la horrenda racha de resultados pasados.
Como indicaba al comienzo, al contrario que el Levante, uno no sabe qué puede acontecer desde ahora con este Almería tan desconcertante e irregular, que contó con la suerte que le faltó ante el Málaga y que va a disputar el próximo sábado un decisivo choque frente a su hermano gemelo futbolístico en Primera y Segunda División, el Granada.
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