Antonio Romera con ‘El bar nuestro de cada día’ invita a disfrutar más de la vida placentera
teatro
El actor canta en el ‘velatorio’ de su amigo Malandro, celebrado en el Teatro Apolo

“Lo único que debemos producir los seres humanos es felicidad. Lo demás es molestar”. Esta frase del difunto, recordada por el camarero de la taberna, refleja el sentir de la obra, un monólogo musical, con una narrativa muy cuidada y un trasfondo claro: defender, en clave de humor, una forma de vida placentera, frente al objetivo capitalista del trabajo y el éxito por encima de cualquier otro condicionante. Pero, como dice el protagonista, “es cuestión de prioridades”.
El ciclo Delicatessen, que organiza el Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería y coordina Axioma Producciones, llenó el Apolo con El bar nuestro de cada día, premio al Mejor Espectáculo en el prestigioso festival de teatro de Palma del Río.
La escenografía muestra un bar, en el que un usuario ha decidido celebrar su entierro, dejando pagadas las invitaciones a toda la parroquia. El camarero, ‘Chipi’, se ve obligado a cumplir la última voluntad del difunto ‘Malandro’ y en el entierro recuerda la filosofía de vida de su amigo, que considera a los bares como lugares de culto a la vida y nosotros mismos.
Durante el espectáculo, entre anécdotas y canciones, ‘Chipi’ nos va desgranando su vida y su historia, con sus luces y sus sombras. Un personaje peculiar que con su paso por la vida deja un legado de sabiduría cotidiana, que arroja un aprendizaje vital desde la fina capa de humor.
Antonio Romera ‘Chipi’ está soberbio en este monólogo musical, aportando el tempo adecuado a cada escena, interpretando canciones con experiencia y compartiendo las frases lapidarias de este cliente especial. Y es que se trata de un planteamiento de vida que choca con los tiburones del IBEX 35, y que defiende el derecho a elegir una vida en la que lo más importante es el tiempo, que se presta en parte, la menor posible, a cambio de dinero para poder comer, y que el resto del día se prefiere dedicar a vivir. Y ahí, los bares son los verdaderos balnearios de la buena vida.
Sobre el escenario, reparte sabiduría sobre el trabajo, los bares y el enamoramiento, porque, como dice, “el amor no es química, sino física, pues he perdido muchas mujeres por mi físico” y ha recordado que en el amor debe aplicarse la teoría de la relatividad, “si mi mujer me pedía tiempo y espacio, yo sólo tenía que haber usado la velocidad para irme”.
También te puede interesar
Lo último