Centro Experimental Cajamar: Almería, laboratorio donde testar el futuro de la agroalimentación

Agricultura

Cajamar abre las puertas de Las Palmerillas para mostrar la génesis de la innovación aplicada al agro

La Estación Experimental Cajamar ‘Las Palmerillas’: 50 años de apoyo a la agricultura almeriense

Una de las charlas sobre biodiversidad para el control biológico, dentro de los invernaderos.
Una de las charlas sobre biodiversidad para el control biológico, dentro de los invernaderos. / Javier Alonso

El campo almeriense es hoy en día lo que es gracias a sus agricultores y a que entidades privadas como Cajamar, apostaron por ser un punto de apoyo tecnológico. En un momento en que Almería todavía era un punto incipiente de producción agrícola, Caja Rural de Almería comprendió que había que apostar y ayudar a esos pequeños productores no sólo con líneas de financiación, sino con tecnología y divulgación para que el cultivo tradicional, se convierte en uno de referencia a nivel europeo.

No fue una apuesta más, fue apostar a caballo ganador a comienzos de los años 70. Había que cambiar mentalidades y convencer al agricultor que el campo podía estar a la vanguardia si la innovación se ponía a su servicio. Algo que todavía cuesta creer en pleno siglo XXI, el pequeño productor de hace 50 años lo comprendió y fió su futuro a Caja Rural. Los resultados hablan por sí solos, la Estación Experimental Cajamar se convirtió en el laboratorio agroalimentario para que el campo almeriense diera un salto a la modernidad y hoy, sin complejos y con ganas de seguir creciendo, marca las pautas del futuro del sector agroalimentario.

En su afán divulgatorio, Cajamar abrió ayer las puertas de la Estación Experimental que en este 2025 está celebrando su 50 aniversario. Roberto García Torrente, director de Sostenibilidad y Desarrollo Agroalimentario, mostró las pautas maestras del centro ubicado en el paraje San Nicolás, en El Ejido, a la vez que repasó la historia del mismo. “Tras las inundaciones de octubre de 1973, Caja Rural consiguió gestionar un volumen notable de ayudas públicas para los agricultores, la mayoría de ellas mediante préstamos reembolsables, que pudieron retomar su actividad en pocas semanas. Un año después, obtuvimos los primeros resultados relevantes, y en 1975 se invirtió en la puesta en marcha de fincas experimentales donde probar y poner a punto las tecnologías que iban a impulsar la definitiva modernización de la agricultura almeriense”, indicaba García Torrente en el actual salón de actos, que pronto dejará paso a uno más espacioso y eficiente que se está construyendo en la zona norte de la estación.

Nuestra agricultura tiene la mente abierta, los agricultores muchas veces van por delante de la investigación” — Roberto García Torrente - Director de Sostenibilidad

Así, en un primer momento, la provincia tenía tres estaciones experimentales: hortalizas en Las Palmerillas, fruta de hueso y almendro en Huércal-Overa y subtropical en Rioja, pero en los años 80 se entendió que el futuro productivo de la provincia pasaba principalmente por la horticultura protegida y se concentró todo en la actual Estación Experimental, que consta de 14 hectáreas, donde también hay espacio para frutales, subtropicales y tropicales, así como distintos ensayos de otras líneas, como puede ser por ejemplo la agricultura regenerativa de suelos.

Desde el principio, la tecnología puntera se puso al servicio del agricultor y se desarrollaron los primeros ensayos con berenjena y calabacín. La Estación Experimental había traspasado las fronteras municipales de Almería al convertirse en el primer centro tecnológico de la provincia. Prueba de ello fue la visita del primer presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, así como de José Barea, presidente del Banco de Crédito Agrícola. La semilla para crecer ya estaba plantada.

Agua, punto clave

Dada su situación, clima y orografía, el agua siempre ha sido una de las principales preocupaciones en Almería. Por eso, desde el principio Caja Rural puso todo su empeño en desarrollar tecnología en el campo almeriense para una perfecta optimización. Ni que decir tiene que Cajamar ha cogido esa bandera y promueve todo tipo de proyectos, a través de su incubadora de startups, que vayan en la línea de lograr un uso eficiente del líquido elemento.

En el centro se puso en marcha una Estación Climatológica al aire libre, así como otra dentro del invernadero para conocer las necesidades que existían bajo plástico. De la misma forma, se importó el riego por goteo que ya usaba Israel para desechar el sistema tradicional por goteo. Se llegó en esos momentos a construir lisímetros para saber si la planta aprovechaba todo el agua y la que no, se recogía para ser reusada.

“Cuando los agricultores venían en esos años a pedir un crédito para construir invernaderos, les poníamos como condición que tenían que implantar el riego por goteo. Entonces era impensable que se pudieran regar hectáreas y hectáreas a base de gotas, costó cambiar las mentalidades, pero se ha conseguido, es uno de nuestros grandes éxitos”, dice satisfecho el director de Sostenibilidad y Desarrollo Agroalimentario.

Roberto García Torrente, durante la presentación inicial.
Roberto García Torrente, durante la presentación inicial. / Javier Alonso

Gracias a la base sólida que se había implantado y al deseo de seguir creciendo y acompañar al agricultor, se habría un futuro que iba a permitir al campo almeriense llegar a las actuales cifras productivas, impensables por entonces. “Ahí empezamos con el crecimiento para convertir a Almería en un laboratorio donde testar la tecnología al servicio agroalimentario. Este es un sector en el que nunca se puede caer en la autocomplacencia porque la competencia es feroz y deja de comprarnos”, indica Roberto dejando ya ver que las líneas maestras venían marcadas por la “producción sostenible”.

En 1978 la Estación Experimental trabaja con su propio semillero, que nutre incluso de semillas a los agricultores [poco después surgirían bastantes iniciativas privadas de este segmento]; en 1983 se realizan ensayos con los primeros subtropicales, caso de la piña, el aguacate y la papaya; y en los 1980 se apostó tanto por la energía solar para tener electricidad en puntos concretos donde todavía no los había como por el compostaje en las propias fincas para darle valor a esos restos agrícolas. Un ejemplo claro de que la sostenibilidad está en el ADN de Cajamar desde su fundación.

Control biológico, pasado, presente y futuro

El crecimiento exponencial que estaba desarrollando la provincia no estaba exento de riesgos. Uno de ellos, tan natural como la vida misma, eran las plagas. ¡Quién le iba a decir a un campo que ya comenzaba a posicionarse en Europa que la solución iba a estar en la suelta de bichos. Algo tan de EGB como las cadenas tróficas se convertía en una solución natural y sostenible frente a los pesticidas.

Cajamar fue un paso más allá y ya en 2010 vio la importancia de los jardines de biodiversidad que sirvieran de hábitat para los bichos depredadores para mantener una estabilidad en la fauna de los cultivos. Roberto García Torrente y Ramón Gil, director de la estación, acompañados por algunos técnicos, mostraron ayer ejemplos de esas plantas reservorio y explicaron el por qué es tan importante tenerlas tanto en los exteriores de los invernaderos como dentro de ellos, en las mismas calles o junto a las bandas. Algo impensable hace unos años, no se podía imaginar que en el sistema de producción intensiva se dejara espacio para flora no productiva, pero la tecnología ha demostrado que la naturaleza es la mejor manera de controlar las dañinas plagas.

Trabajo de entutorado en la Estación Experimental.
Trabajo de entutorado en la Estación Experimental. / Javier Alonso

De la misma manera, en 2003 comenzaron los primeros ensayos con microalgas, primero con fines cosméticos, después como biocombustible y alimentación en piscifactorías y, actualmente, se ha convertido en un bioestimulante de primer nivel para el agricultor.

Grandes retos

Y como sector imprescindible que es, el agroalimentario tiene un futuro lleno de retos y oportunidades. García Torrente, que ya había avisado que la autocomplacencia es el peor enemigo, apuesta por seguir estudiando y realizando ensayos para desarrollar tecnologías que estén al servicio del agricultor para ser más competitivo.

“Cada vez tenemos que producir más alimentos, porque somos más bocas que alimentar en el mundo, pero hay que hacerlo de forma sostenible, luchando contra el cambio climático. ¿Qué tecnologías nos pueden ayudar en ello? Sin duda, una optimización del uso del agua y la biotecnología vegetal. Es necesario que tengamos un balance de huella de carbono positivo”, avisaba el director de Sostenibilidad y Desarrollo Agroalimentario de Cajamar.

Cada vez tenemos que producir más alimentos, pero hay que hacerlo de forma sostenible”

Antes de acabar, García Torrente también quiso hacer un guiño al agricultor, puesto que sin él, todo este desarrollo agrario sería imposible de llevarlo a cabo. “La agricultura de Almería es posiblemente la que tenga la mente más abierta, los 13.000 agricultores que hay en la provincia muchas veces van por delante de los propios centros de investigación, ya que son los encargados de perfeccionar las mejoras y ayudar al desarrollo de los distintos avances tecnológicos”, finalizaba García Torrente.

Medio siglo importantísimo de vida de la Estación Experimental Cajamar que ya trabaja y mira con ambición al futuro.

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