Descubren cinco fundiciones de cobre del siglo XIX en Fiñana y Abla

Historia

Un estudio de Mario López Martínez publicado en la revista Hastial desvela unas instalaciones hasta ahora desconocidas

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Restos de una de las fundiciones estudiadas por Mario López.
Restos de una de las fundiciones estudiadas por Mario López. / Mario López

El siglo XIX fue en Almería el siglo minero por antonomasia. Los plomos de las sierras de Gádor y, posteriormente, de Almagrera, dominaron por momentos los mercados europeos, floreciendo también una pujante actividad metalúrgica que, muchos años después, ha dejado como testimonio numerosas fundiciones repartidas por toda la geografía provincial.

Lo que era hasta ahora desconocido era que en el entorno de Fiñana tuvieron lugar varios episodios ligados a la metalurgia del cobre, que han podido ser identificados y documentados en el trabajo publicado en la revista Hastial por el investigador en minería Mario López Martínez, dentro de la recientemente constituida Asociación de Amigos del Patrimonio Geominero Almeriense (APGA).

Entre 1832 y 1834 se construyeron dos fundiciones de cobre en Fiñana, y otra en Abla, junto al cauce del río Nacimiento, y ligadas todas ellas a la existencia de molinos hidráulicos situados en sus inmediaciones. Lo más llamativo del episodio es que los promotores de las instalaciones fueron personajes vinculados al comercio y la fundición de los plomos de la Sierra de Gádor, como el alemán Juan Rein, propietario de la Fundición San Andrés, de Adra, el malagueño Bonifacio Amoraga y el gibraltareño Francisco Scotto.

El investigador avanza la hipótesis de que, en un contexto de caída de los precios del plomo y deforestación de la sierra, los industriales del plomo alpujarreño dirigieron su mirada a un coto minero rico en cobre argentífero, que les permitiría enriquecer sus plomos disponiendo también de abundante combustible vegetal. La caída de agua de los molinos sería aprovechada para los fuelles de los hornos de manga. Un hecho destacado es el descubrimiento, en el Archivo Histórico Provincial de Almería, de los planos de estas tres fundiciones.

Restos de los hornos de la fábrica Santa Felisa.
Restos de los hornos de la fábrica Santa Felisa. / Mario López

Precisamente la familia Scotto fue, unos pocos años después, la pionera en la instalación de fundiciones en Sierra Almagrera, al socaire del descubrimiento del mítico filón de galena argentífera en el Barranco Jaroso, con su establecimiento “Contra viento y marea” en Los Lobos. El episodio de Fiñana vendría a ser, así, un ‘eslabón perdido’ entre la vieja metalurgia de Gádor y la nueva de Almagrera.

De estas tres fundiciones quedan en pie restos inconfundibles en el caso de la de Scotto, que posteriormente funcionó con otros propietarios bajo el nombre de San Antonio o Buen Ayar. Su ubicación sería el complejo de molino y cortijo de La Heredad, y sobre ella se edificó después la ermita del mismo nombre. El autor se inclina por descartar la tesis del grupo proteccionista Hispania Nostra, que remonta el origen dicha ermita al siglo XVII, la cual se basa en la existencia frente a ella de una cruz de mármol con inscripciones de esa época. López Martínez, por contra, sostiene que existen documentos que acreditan que la ermita fue erigida por el acaudalado Manuel Yturriaga en el siglo XIX, tras haber adquirido la fundición.

La ermita de La Heredad, donde habría estado la fundición de Scotto.
La ermita de La Heredad, donde habría estado la fundición de Scotto. / Mario López

El segundo episodio de metalurgia del cobre en Fiñana tiene lugar en la segunda mitad del siglo XIX y, a diferencia del anterior, se sitúa en las escarpadas faldas de la vertiente sur de la sierra de los Filabres-Baza.

El estudio se centra en las figuras de los promotores de dos nuevas fundiciones, Ramón Obispo Granados y Pedro de la Puente Apecechea. El primero fue un dinámico emprendedor oriundo de Huéneja y afincado en Fiñana, que persiguió durante toda su vida diversos negocios mineros. Su actividad se centró en el remoto paraje de Los Cocones, donde explotó la mina de cobre Virgen del Carmen, y sus ampliaciones. El estudio desvela la existencia en Fiñana de un proyecto impulsado por Ramón Obispo totalmente vanguardista para la época, la obtención de cobre por medio de la electricidad en 1852, algo de lo que, en toda España, solo se empezaba a hablar en la comarca de Río Tinto.

La fundición de Obispo (llamada entonces ‘La Fabriquilla’) se encuentra oculta entre pinares y, básicamente, consiste en varios muros de piedra y una gran montaña de escorias de fundición.

Montaña de escoria en una de las fundiciones estudidas.
Montaña de escoria en una de las fundiciones estudidas. / Mario López

El segundo personaje, Pedro de la Puente Apecechea, construyó en 1865 dos fundiciones gemelas, la muy conocida Santa Constanza, en Jérez del Marquesado (Granada) y la hasta ahora desconocida Santa Felisa, en el Cerro del Gallo de Fiñana. El complejo de Santa Felisa resulta muy interesante, y son distinguibles elementos como hornos, chimeneas, balsas, pozos y otra enorme montaña de escorias. Los avatares de su grupo familiar tienen tintes novelescos, apareciendo personajes como su hijo el Marqués de Alta Villa, profesor de esgrima y amante de la reina Isabel II o el belga afincado en Granada Hubert Meersmans, catalizador de la entrada de capitales extranjeros en la comarca del Marquesado.

El estudio va a servir de base para solicitar de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía la catalogación de los restos identificados dentro de la relación de elementos protegidos dentro de la categoría de patrimonio industrial. También se ponen de manifiesto las posibilidades de establecer senderos con paneles explicativos de los datos más significativos, ya que las fundiciones se encuentran en lugares de gran interés paisajístico.

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