Manuel Portero: "Tabacalera nos daba mil pesetas por cada caja de tabaco intervenida"

Ha sido jefe del Servicio de Vigilancia Aduanera de Almería desde 1985. Antes pasó por Algeciras y Vigo. Este mes se jubila después de 40 años de cruzada contra el contrabando, fraude y narcotráfico

Manuel Portero: "Tabacalera nos daba mil pesetas por cada caja de tabaco intervenida"
Manuel Portero: "Tabacalera nos daba mil pesetas por cada caja de tabaco intervenida" / Javier Alonso

La Agencia Tributaria pierde esta semana a uno de sus grandes referentes en Almería, el principal artífice de cientos de operaciones en la lucha contra el fraude fiscal, el blanqueo de capitales, el contrabando de tabaco y el narcotráfico. Manuel Portero Castaño (Tíjola, 15 de enero de 1957) se jubila después de casi cuatro décadas al frente del Servicio de Vigilancia Aduanera en la provincia de Almería, una etapa en la que ha cambiado por completo su estructura, medios y potencial pasando de apenas cuatro trabajadores y un coche de segunda mano de Madrid a una plantilla de sesenta funcionarios con dos patrulleras marítimas de altura y velocidad, un helicóptero con base fija en el aeropuerto de El Alquián y una decena de turismos.

En sus últimos paseos por las instalaciones del viejo edificio de la Aduana del Puerto de la capital, son visibles las miradas cómplices, las muestras de cariño y las bromas de lo que se aburre un jubilado. En su despacho se amontonan los reconocimientos, medallas y diplomas que acreditan el largo historial de hazañas y aprehensiones con las que se ha ganado el respeto y admiración de las instituciones almerienses y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado con las que ha compartido un sinfín de operativas. También hay recortes de prensa que recuerdan las casi cuatro toneladas de cocaína que incautaron el 3 de febrero de 2007 al interceptar el mercante finlandés OCT Challenger, los buques del hachís de la ruta del Mediterráneo Oriental que nunca llegaron a su destino y la patera con casi 200 inmigrantes que asistieron a principios de los ochenta cuando lo eran todo en aguas almerienses porque no operaba ni el servicio marítimo de la Guardia Civil.

Cuando Manuel Portero entró en este organismo policial de la Agencia Tributaria en 1979 todavía se llamaba Servicio Especial de Vigilancia Fiscal y su actividad se concentraba casi exclusivamente en la interceptación del tabaco clandestino. En aquellos años posteriores a la Transición, su primer destino tras aprobar las oposiciones durante el servicio militar fue Algeciras. Aprendizaje intenso para una escala efímera, de apenas un año, pero el tiempo suficiente para conocer a la mujer de su vida con la que poco después se casaría y tendría dos hijos. "A mí el trabajo nunca me ha pesado, he hecho siempre todo lo que ha estado en mis manos", reconoce este profesional, siempre inquieto y predispuesto en lo laboral. De ahí que solicitara voluntariamente una plaza en la otra punta del país, en la Jefatura de Vigo, la de mayor actividad.

Portero se incorporó el 2 de enero de 1980 y formó parte de un grupo de jóvenes inspectores que dejó huella por su gran capacidad de aprehensiones. Millones de cajetillas de cigarrillos de contrabando nunca llegaron al mercado negro por sus actuaciones a diario. "En aquella época Tabacalera nos daba premios a los agentes de Vigilancia Fiscal, mil pesetas por cada caja intervenida y ese dinero lo invertíamos en comprar los medios y materiales que necesitábamos". Ese plus económico con el que se combatía el contrabando se terminó en 1986, poco después de su vuelta a casa. Desde finales de 1983 venía ejerciendo como jefe adjunto de la Jefatura de Vigo y la dirección nacional de Vigilancia Aduanera le ofreció estar al frente del servicio en Almería. La actividad se concentraba entonces en las jefaturas de Vigo, Algeciras, Barcelona y Madrid y querían potenciar otros puntos del país en los que contaban con un servicio mínimo.

Vigilancia Aduanera cuenta en la provincia con dos patrulleras marítimas
Vigilancia Aduanera cuenta en la provincia con dos patrulleras marítimas / Javier Alonso

Portero Castaño no se lo pensó dos veces. Cerró una segunda etapa en Galicia, en la que tuvo su primer hijo, y asumió las riendas de Vigilancia Aduanera en su tierra. El traslado arranca el 1 de enero de 1985 y en abril se convoca la plaza en el Boletín Oficial del Estado precio cese del anterior jefe que se prejubiló. El 27 de mayo accedió al cargo del que ahora se retira después de 37 años de responsabilidad ininterrumpida. "Aquí no había nada, empezamos de cero, ni vehículos, ni patrulleras, ni helicóptero... me tuve que buscar la vida". Consiguió que llegaran funcionarios para temas de calle y tributarios y después iniciaron su incursión en la incautación de estupefacientes de la mano de Policía Nacional y Guardia Civil. En aquella época la principal actividad eran los vehículos extranjeros que los residentes matriculaban sin pagar las correspondientes tasas y aranceles.

El tabaco de contrabando fue ganando peso y conformo crecía el volumen de actividad lo hizo también la plantilla. Antes tocaría la mudanza desde un pequeño despacho en la sede del Paseo de la Agencia Tributaria al edificio de Aduana del Puerto. Una vez allí consiguieron la primera embarcación a finales de los ochenta, cuya promoción simuló una botadura del barco siendo la madrina la mujer del entonces comandante de Marina. "Allí empezamos a darnos a conocer porque se invitó a las autoridades de Almería". Al principio estaban en la dársena comercial, pero se cambiarían años más tarde a las instalaciones del muelle de poniente junto con la Guardia Civil, una de las mejores bases marítimas del país que sufragó la Autoridad Portuaria.

Distinciones

Portero ha recibido la cruz del Mérito de la Guardia Civil y la Cruz al Mérito Policial del Ministerio del Interior en 2006, así como el reconocimiento de la Organización Mundial de Aduanas y de la Agencia Tributaria en 2008

Y a continuación llegaría a Almería uno de los primeros helicópteros de todo el país del Servicio de Vigilancia Aduanera. El cielo del Mar de Alborán se convirtió en pieza clave del Plan Sur contra las drogas que promovió desde Sevilla el almeriense Tomás Azorín cuando era delegado del Gobierno en Andalucía. Fue la primera operativa conjunta de Policía, Benemérita y Agencia Tributaria, el verdadero precedente del futuro Centro de Inteligencia Contra el Crimen Organizado (CICO). Manuel Portero recuerda que salía cada día a patrullar contra el narcotráfico con el helicóptero y no olvidará nunca el dramático episodio a finales de 1989. El relato que recogía El País el 16 de diciembre de 1989: "A las 0:40 horas de hoy se recibía en el gobierno civil una llamada procedente del Aeropuerto de Almería indicando que un helicóptero del Servicio de Vigilancia Aduanera había despegado hacia las 18:30 horas de ayer en dirección a la isla de Alborán con una autonomía de cuatro horas".

En las últimas semanas está recibiendo el cariño de las instituciones almerienses
En las últimas semanas está recibiendo el cariño de las instituciones almerienses

La aeronave de Helicsa, la concesionaria del Ministerio del Interior, desapareció y con ella la vida de sus dos ocupantes. El cadáver del copiloto apareció flotando al día siguiente en la playa del Cerrillo de Roquetas, el comandante y los restos del helicóptero accidentado nunca se encontraron. Manuel Portero mantenía una estrecha relación con el piloto, salían cada tarde en patrullaje, pero el destino quiso que aquel día no subiera al helicóptero. No encuentra otra explicación. Una reunión de última hora en Sevilla lo dejó en tierra cuando solía ser el observador que acompaña a la tripulación. "Aquel día llegué tarde y salieron sin mí, nunca supimos lo que ocurrió".

Fue, sin duda, su momento más difícil, una herida que nunca cicatrizará lo suficiente. También ha vivido de lleno la angustia e incertidumbre de los accidentes que sufrían los agentes de las diferente unidades durante el asalto de embarcaciones o en cualquier otro desempeño y la frustración cuando una operación en la que llevan meses trabajando se va al traste. Eternos turnos de noche y día, con seguimientos e indagaciones exhaustivas, al final no salen y queda desautorizada la investigación por diferentes motivos. "Una de las claves de nuestro trabajo es ser paciente, si no los pillas a la primera ya caerán a la siguiente. Cuando se hace un buen trabajo al final tiene recompensa", comenta Portero.

"Patrullaba cada día en el helicóptero. Una tarde que me retrasé por una reunión los pilotos salieron sin mí y nunca más volvieron”

En estos cuarenta años han protagonizado decenas de operaciones pero sin enfrentamientos directos. Recuerda una detención hace uno años que culminaron después de una persecución de película que se trasladó a Mazarrón. "Se hubieran llevado por delante al que se cruzara, pero afortunadamente se les acabó la calle y los cogimos". Las operaciones más satisfactorias, según relata, han sido los grandes alijos, aunque no esconde su orgullo cuando llegan la sentencias condenatorias de los grandes estafadores y deudores de Hacienda. Pusieron fin al fraude millonario del gasóleo en el Almanzora y lograron cortar en seco la ruta del Mediterráneo Oriental que hacía cada vez más difícil la detección de la droga.

En su despacho con la bandera de España y el emblema de Vigilancia Aduanera
En su despacho con la bandera de España y el emblema de Vigilancia Aduanera / Javier Alonso

"A principio iban visibles en la cubierta, pero después se fue complicando y recuerdo llamar a la Dirección General para decirle que ni rastro del alijo a pesar del chivatazo. Al final lo acabas encontrando donde menos te lo esperas", asegura. Una vez tuvieron que sacar 300.000 kilos de pienso en sacos de un mercante porque las autoridades francesas les decían que iba cargado de hachís como poco después pudieron comprobar. "Los técnicos estuvieron viendo planos de barcos durante horas hasta que dieron con la tecla. Iba en un compartimento secreto de la proa. En otra ocasión habían reducido el tanque de agua para introducir un cargamento de cocaína". El servicio cinológico es muy efectivo en tierra, pero en los barcos no ayudan porque se marean y se confunden con los olores.

Compañeros y autoridades de la provincia le iban a brindar la despedida que se merece esta semana con una comida de jubilación que se ha tenido que posponer hasta nuevo aviso por la evolución de la pandemia del coronavirus. De momento, Manuel Portero seguirá asistiendo a juicios pendientes, como los de Rifá y el testaferro de Obrascampo, pero será algo ocasional. Enamorado de la naturaleza, volverá a recorrer los campos de Tíjola de los que salió cuando terminó los estudios de Bachiller. Desde aquel momento han sido tres etapas que han marcado su vida no sólo en lo profesional, también en lo personal. Portero conoció a su mujer en Algeciras, tuvo su primer hijo en Vigo y el segundo al regresar a Almería cuando tomó las riendas de un servicio en el que ahora dará el relevo el que siempre será el principal referente de Vigilancia Aduanera en Almería.

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